Charlas de Atelier en Dácala


Charlas de Atelier en Dácala
Hace unas semanas tuve la suerte de poder robarles un poco de tiempo a las chicas del momento: Pilar y Minerva. Son madre e hija, y en su haber ya cuentan con un Dedal de oro, el premio de moda más prestigioso del panorama nacional, y un premio Prenamo, otorgado al reconocimiento empresarial por sus talleres de costura. Hace tres años que abrieron Dácala en la Calle La Vega, 11 de Mieres y desde entonces no han dejado de crecer. En estas charlas de Atelier hemos hablado del mundo de la moda, de su admiración por el diseñador vaso Cristóbal Balenciaga, y del prometedor futuro de los atelier. Pero también nos hemos reído con las anécdotas de su día a día y han confesado lo que significa realmente la moda para ellas: 

Para Pilar, 'es una necesidad', está siempre con un libro de moda entre las manos, y si hay una nueva técnica de patronaje se la tiene que aprender; mientras que para Minerva es una 'forma de expresión', una manera de jugar con nuestro estado de ánimo. Dos visiones, aparentemente muy diferentes de la moda, pero que se complementan a la perfección. 


…sigue, sigue que hay mucho más. 


Son dos personalidades antagónicas, pero que han llegado para revolucionar el concepto obsoleto de atelier y de la confección de ropa a medida. Reinvindican la vuelta al oficio y defienden la máxima que no hay dos personas iguales aunque usen la misma talla. Si bien Minerva ha estudiado Bellas Artes, y se ha especializado en patronaje, aún tiene un largo camino que recorrer; mientras que Pilar, con más de treinta años de profesión, ha visto y ha confeccionado de todo en lo que ha moda se refiere. Esta unión profesional surge por iniciativa de Minerva, “quería que hiciéramos algo juntas”, continua, “vimos este local vacío, llamamos al propietario y nada más verlo, supimos que era para nosotras”. Dividido en tres espacios, en la parte superior, donde empezó esta entrevista, está el saloncito, o como lo llama Pilar: el rincón de los sueños. Es ahí, donde suben los clientes, charlan y confrontan opiniones. Bastan unos papeles en blanco, unos lápices de colores, unos cuantos alfileres y un par de muestras de tela para hacer realidad los deseos más profundos. Ya el nombre, Dácala, es toda una declaración de intenciones, ya que hace referencia a una vieja tradición asturiana, en la que las costureras cedían a los niños trozos de tela  de colores, que ya no les servían, para que jugaran la noche de Carnaval. Un nombre, pues, que refleja a la perfección esa sensación de tradición, y a la vez de hogar que caracterizan este atelier mierense. 

Desde que abrieron en Mieres, hay pocos eventos en el que no haya, al menos, un diseño de Dácala. Pilar y Minerva son de esta localidad a orillas del Caudal y la defienden on uñas y dientes. En ella han situado su Atelier y en ella exponen con orgullo el Dedal de Oro: “Fue un honor poder traer un reconocimiento tan importante a Mieres”, afirma Pilar. Aseguran que, el premio, les ha dado aún más energía, fuerzas e ilusión para seguir trabajando. Y debe ser efectivamente así, porque solo tres meses después de recibir tal galardón, fueron premiadas con un Prenamo, reconocimiento a la excelencia empresarial gracias a sus talleres de costura. Como carta de presentación no está nada mal: en tres años, dos premios nacionales de gran prestigio y una clientela cada vez más variada y numerosa. “Estamos desbordadas”, aseguran madre e hija. A pesar de las horas de trabajo, están ilusionadas y les encanta lo que hacen. “No lo podemos considerarlo trabajo. Vivimos de lo que amamos y eso es un lujo”, asegura Minerva. Desde que abrieron en el 2011, han pasado por el Atelier todo tipo de clientas: desde la mujer anciana que quiere hacerse una falda, y pregunta por el precio de la hechura, a la novia que quiere materializar el vestido de sus sueños dibujado por ella cuando tenía 13 años sobre una hoja de libreta, sin olvidar la madrina, que sueña con llevar un gran tocado o la joven que quiere asistir a la fiesta de graduación con un vestido exclusivo. 

Reconocen que no hacen todo lo que les gustaría hacer por falta de mano de obra. De hecho, uno de los objetivos de los talleres es formar a las personas para poder contratarlas en un futuro. Tienen lista de espera en caso decidieran embarcarse en la confección de vestuario masculino, pero de momento ni se lo plantean. Los encargos consumen casi todo su tiempo, pero aún así, hace unos días han puesto a la venta parte de la colección otoño/invierno creada por ellas mismas. Su amor por la tradición hace que desconfíen de los diseñadores ‘de blog’, es decir, aquellos que no saben materializar lo que diseñan. Reivindican la importancia de volver a los orígenes, y es que “una costurera puede ser una buena diseñadora, mientras que un diseñador que no sepa ni coser ni patronar, va a tener siempre que apoyarse en otra persona”. Esta es una de las grandes tragedias del sector: la pérdida del oficio. 

Hay pocas personas que conozcan la labor completa, que sean capaces de proyectar, crear y materializar. Así, se han propuesto que el oficio no se pierda y esto es lo que hace que sus talleres, situados en la planta baja del atelier, hayan ganado el premio Prenamo: “Aquí no se pierde el tiempo. La gente viene a aprender y nosotros les enseñamos todo lo que sabemos”, asegura Pilar. “Ha pasado mucho tiempo sin que nadie se ocupara de la moda que se encuentra entre el Pret-a-porter y la alta costura, pero todavía podemos ponerle remedio”, asegura esperanzadora Pilar. Su rica experiencia profesional podía solo catapultarla como una de las grandes expertas de moda de este país, de hecho, desde hace más de cinco años participa como jurado en el Certámen Nacional de Jóvenes diseñadores, “se presenta el mejor de cada provincia, y aún así hay mucho que no saben patronar”, comenta Pilar, “la mayor parte de las academias de moda enseñan únicamente aspectos técnicos, de marketing e imagen, olvidándose de lo esencial: el oficio”, añade.

Minerva diseña y patrona, pero odia coser, lo que no impide que conozca el trabajo que supone confeccionar una prenda, y sea capaz de proyectarla sobre un trozo de tela. “Recuerdo que al principio me preocupaba más el dibujo, y a veces realizaba cosas imposibles”, comenta. Con el tiempo ha ido madurando como diseñadora, y ahora, al igual que su madre sabe leer los cuerpos de las personas, mucho antes de que estas expongan sus ideas. El truco está en “en potenciar lo bueno y disimular lo que haya que disimular”, dicen casi a coro. Utilizan telas nobles, desde organzas a sedas y lanas para crear un estilo femenino, delicado y, por lo general, muy años cincuenta. Respetan las formas de la mujer, y cada una sale de allí con el vestido que quiere y que mejor le sienta. En caso contrario (todavía no ha pasado), si la pieza no se ajusta a lo que la cliente tenía en mente, no pasa nada, el diseño se queda en la tienda disponible para la  venta. “Nadie está obligado a llevarse algo que no le gusta, o que no va con su estilo”, asegura Pilar. No solo tiene que ajustarse al cuerpo, sino también a la personalidad. Una concepto de moda que se ajusta perfectamente a la idea que Minerva tiene de ella: “la moda una forma de expresión, de jugar con el estado de ánimo”. Mientras que para Pilar, la moda entendida como vestuario, “es una necesidad; no podemos salir desnudas a la calle”, añade entre risas. 

A pesar de llevar poco tiempo, tienen un sin fin de anécdotas que contar, desde como encontraron el local, totalmente por casualidad, a la decoración marcada por el biombo de hierro que hay a la entrada. Hace nada le han dado un giro al aspecto del atelier, convirtiéndolo en un auténtico salón: sillón de piel marrón, cuadros en las paredes, una clásica alfombra persa, hojas secas para ir acordes con la estación y por supuesto el biombo. 

Por lo que se al futuro se refiere, es una incertidumbre, pero están llenas de ideas y nuevos proyectos. Si la mano de obra aumenta, el arte empezará a jugar un papel más importante y las colecciones por tallas (solo 2/3 por pieza) cobrarán cada vez más protagonismo. 

























Llega la hora de marchar, pero el calor de hogar que se siente al entrar, no desaparece cuando uno se va por la puerta, se queda dentro. Yo me siento una privilegiada por haber robado un poco de ese calor, a hurtadillas. ¡Muchos éxitos! 

-Gracias-