Deriva: joyería artesanal




Hoy os presento a Jose C. Alfonso y a Jessi Álvarez, las mentes creativas y las manos artesanas de esta marca 100% hecha en Asturias cuyas joyas están inspiradas en el océanoel surf la naturaleza

Esta pareja de informáticos ovetenses comenzó su andadura en el sector artesanal hace cinco años. La falta de empleo agudizó su ingenio e empezaron a hacer artesanía con materiales reciclados. Una afición para la que descubrieron tener un talento especial y que pronto dio sus primeros frutos. Así, decidieron dar un paso más. Jose se apuntó a la escuela de Joyería y Gemología de Oviedo. Una experiencia que le sirvió para conocer las herramientas, aprender las técnicas de los buenos joyeros y dar forma en materiales nombres a sus propias ideas. Algunos de aquellos trabajos aún hoy forman parte de su colección. 

Jessi se encarga de dar el último toque –ya sea pulir o incorporar las resinas de color– pero también es quien lleva la comunicación en redes sociales y gestiona la web a través de la cual se puede comprar online. Juntos  toman todas las decisiones y juntos han redescubierto su gran pasión por el surf. Deporte imprescindible para entender esta marca creada por dos ‘sea lovers’ exigentes e inconformistasEs precisamente este deporte acuático el que mejor define su filosofía y son las olas su mayor inspiración. 

Por ello no es de extrañar que algunas de sus piezas más vendidas –entre las que hay pendientes, anillos, collares, pulseras o llaveros– lleven por nombre ‘Ohana’, ‘Ocean Lava’, ‘Henalu’ u ‘Ocean Long’. Y que sus mejores clientes compartan su debilidad por el océano. Son piezas con las que se sienten identificados y gracias a las cuales han creado un vínculo muy especial con su público

Aunque decir que sus piezas reflejan solo de su amor por el agua salada es reductivo. En realidad aceptan todo tipo de encargos y no hay forma que se les resista. En cada encargo se dejan la piel para ofrecer el mejor resultado siguiendo un proceso totalmente artesanal, que sorprende  a quienes se acercan por primera vez a su puesto en algún mercadillo o evento (aquí los conocí yo), a su taller o visualizan su trabajo a través de Internet. 

Desde hace dos años este trabajo se desarrolla en un bajo en el barrio de San Lázaro de Oviedo. En él, hay un espacio acogedor decorado con fotografías, muebles antiguos y elementos marinos que invita al visitante a ponerse cómodo y quedarse. 

Pero es al otro lado de una pequeña puerta celeste donde se da forma a las ideas y se funden los metales con una maquinaria con más de medio siglo de historia. 





Horas de trabajo, esfuerzo, dedicación y mucha, mucha pasión:

El proceso de elaboración de cada una de las piezas es complejo, largo y requiere mucha paciencia. Cada detalle se perfila con mimo y todo parte de unas cuantas piezas de plata pura (u otro material si así lo requiere el cliente), que ellos mismos alean con cobre para dar lugar a una plata de Ley de 925. 

La base: 
En función de la pieza que se va a realizar se funde con soplete para posteriormente introducirlo en lingoteras de un tamaño u otro para darle forma de chapa o de hilo. Normalmente trabajan con espesores de un milímetro que se consigue pasando la chapa varias veces por la máquina de laminado. 

En el caso del hilo es necesario darle forma igualmente pasándolo a través de una máquina. Con cada pasada la plata se enfría, volviéndose más dura y menos maleable por lo que hay que volver a calentarla hasta conseguir la forma deseada para conseguir la base. 

Moldeado: 
Para conseguir anillos, colgantes o llaveros con relieve suelen hacer tres capas. Cada una de ellas moldeadas con sumo cuidado para obtener la forma deseada. Se trata del proceso más artesanal que hay. 

Cada pieza va debidamente lijada para obtener el brillo deseado. En este momento, si la pieza no está bien tratada comienzan a salir imperfecciones y hay que volver a empezar. 

Lavado: 
Una vez que se tienen todas las piezas y se le ha dado la forma final (en el momento de las fotos estaban trabajando en un llavero con la cara de un perro vestido de Dar Vader) se procede al pulido y lavado de la pieza en una disolución con agua y virutas de metal. 

En caso de que sea una pieza con color en último lugar se añade la resina. Este proceso puede llevar más de dos horas, aunque si se cuenta el secado la pieza no estaría terminada hasta 24 horas después. 



Si las imágenes os han sabido a poco y queréis saber más sobre ellos y su filosofía, en su página de Facebook, además de más imágenes, podéis encontrar un buen número de vídeos.